domingo, 25 de octubre de 2009

Es

Puedo escalar montañas, mis brazos y mis piernas me lo permiten. Soy fuerte.
Puedo atravesar ciudades con su tráfico, templar mis nervios y sobrevivir al caos.
Puedo ser poderosa, querida, y respetada. Mis actos me lo permiten.

Y llega el momento de templanza, de pensar, de decidir, de llegar y de perderme. Llegan momentos y temores, llegan esfuerzos por estar y ser, llegan los días y las horas y los momentos a los que trato de dar un gran trato, uno que satisfaga a las partes y tenga las minimas victimas posibles. Y no tengo poder, no reaccionan mis piernas, mis brazos, no templo mis pensamientos.

Llegan momentos en la vida, llegan y se repiten y una con cara de boba esperando que algo haya cambiado, tomando precauciones, pensando que dentro de todo no soy como me describen. Pienso y siento, aunque parece que no es de inconvencia ajena... señalar si.

En paz me quedo si consigo no ser lo que parece soy. No es la lucha que seguiré.  Y si me parase de nuevo en la estación de donde no he salido nunca tomaré el tren que sigue detrás de este que me está dejando justamente en donde lo cogí.

Las decisiones radicales solucionan situaciones que ya demasiado están generando.

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