Sin horarios establecidos por nadie que no sea la hora.
Sin voces, o susurros o avisos de otro tipo.
Sin acompañamiento fisico.
Sin cara a la que mirar.
Sin ofrecimiento, con silencio, es la pantalla la que me ve... y yo la miro.
Sin pensamientos evadidos, son los que hay, no puedo distraerme más que del dialogo de ese guión que sigo.
Sin la compañía, sin compartir, sin más.
Sin la necesidad, sin historia, sin dar, sin recibir.
Sin cadenas, sin frenos, sin anecdotas.
Sin sensaciones que me reserven el espacio necesario para tenerlas.
Sin rumores que bailen con la brisa nocturna.
Sin más y sin embargo...
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