En la parada de ese tiempo adormecido me siento a mirar.
No es cómoda la postura, pero me deja una buena panorámica.
El enfoque algo borroso por los rayos perpendiculares y que son reflectados hacia mis pupilas como reflejos que sin entornar los ojos es imposible soportar.
Y con el cansancio acumulado de ir y devenir,
y con el paso y los puentes que abrí cuando era inalcanzable la otra orilla,
y con la vida de lado, apretando los dientes, en un esfuerzo que requiere más.
Las melodías tararean su letra a mi oido, tan pegaditas, tan particulares.
Y cada una me insinua un estado de ánimo.
Cada una va marcando los pensamientos que las hacen brotar de otro modo.
Cada una se empareja con una retaila de imagenes acompañadas de sentimientos que afloran sin más.
Los pensamientos absurdos provocados por estados.
Los que me dicen que la situación que parecía concurrida, está desierta.
Las hipótesis de los resultados termina por dejarme cierta cantina.
Luego vuelvo a mover mi vista y la fijo al igual que mi mente en realidades próximas y palpables.
Vuelvo a este mundo con toda mi cabeza bien fija en la realidad que me despierta.
La soledad es lujo.
El lujo no escasea en los jardines de mi vida...
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