Otro año más. No lo mido en enero. Lo capto en noviembre y lo vivo en diciembre.
Más fechas, las entrañables, las fiestas, los buenos deseos, los derroches...
Frio diciembre...
Solo cuando mi conciencia era niña pudiste abrigarme.
No me terminó de gustar tu actitud desafiante, llena de recuerdos de todo un año vivido.
Siempre haciendo balance de que pasó en unos meses y en función de ellos pedir a gritos la entrada de un nuevo año, o no...
Desde el dos mil no me has gustado. Si ya era triste verte, lo fue más cuando un 3 de diciembre arrastraste al limbo a quien me vio nacer.
No puedo remediar cierta melancolía de otros días que viví en tu odisea.
Desde luego ya no te espero. Ya no me rindo a tus festivos, ya no tengo deseos buenos ni malos. Ya no derrocho si es que alguna vez lo hice.
Odio tu 24, y aun más el 25.
Odio las banderitas rojas con un niño Jesús plasmado medio desnudo.
Odio las luces que hacen parecer los sitios puti clubes.
Odio las buenas intenciones porque siempre tienen otras debajo.
No te vivo con agonía. Solo paso por encima, cumpliendo y deseando que el año que viene traiga mejores cosas, pero como mínimo que mantega la salud o la mejore.
Si hay algo que me gusta de ti. Los dias de asuntos propios que en este mes son muchos, gracias a guardarlos durante 11 meses.
Que te den diciembre.
Y a los que leen, felices intenciones y que se cumplan vuestros deseos en cualquier época del año, no espereis a estas fechas para los deseos.
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