jueves, 17 de mayo de 2012

Esperanza perdida.

Con los años de crisis alargandose mucho en el tiempo y lo que nos queda, una termina por no creer nada. Nada de nada. Eso me parece triste.
Y las certezas estampadas en la cara cada vez son más. Una de ellas es que la clase política de este país no mejorará nada. Las clases medias-bajas, las obreras y las más desfavorecidas pagan el pato.
El agujero que parecía tener un fondo, sigue batiendo records y las recuperaciones con fecha prevista se diluyen en el futuro incierto que nos espera.

La pérdida de derechos fundamentales, del estado de bienestar, reformas y decretos anticonstitucionales y una mentira tras otra, empujados por Europa, nos están dejando exhaustos.
No soy consciente de haber vivido una crisis. Esta me viene grande como a la mayoría de los españoles.
Las sospechas se vuelven realidades, y los hechos están encima sin preparación.
Ver a esta pandilla de bandidos jugando con nuestro presente y nuestro futuro me desconcierta.
La injusticia social se ha instaurado y no hay paso para los más débiles.

Los que trabajamos no damos a basto a reducir nuestro sueldo con medidas y más medidas. Los desempleados son culpables de su situación. Los mayores, tras una vida de trabajo y pago se quedan "en bolas", los jóvenes sin demasiada esperanza y los de mediana edad en el limbo.

La globalización, especulación y las uniones a la fuerza con unanimidad de criterios nos están llevando a una deshumanización global y a una injusticia creciente que no tiene techo. Yo no se lo veo.
Dicen que tras la tormenta llega la calma, pero aqui el barco no para de zozobrar.

Mi esperanza disminuye a la vez que escucho, leo o veo. Los mensajes son cada vez más duros y cercanos y las amenazas y miedos están por doquier.

Mi esperanza está cayendo, pero intento mantenerla. Es posible que se me despiste por momentos. Pero todavía la encuentro.
Soy afortunada después de todo.
Me preocupa tanto el futuro, que no me deja vivir el presente.

Ojalá todo empieze a remontar, un halo de esperanza que motive un poquito a una sociedad ya demasiado castigada.

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